LA CIENCIA DE LOS SUEÑOS

Esta película alterna el drama de una vida sin alicientes, con la "comedia de los sueños" que experimenta el protagonista.

Existen momentos muy inspirados en esta fantasía, los únicos en los que el protagonista escapa de su soledad y del trabajo espantoso en el que le ha metido su madre, en donde sus compañeros son casi surrealistas. Por supuesto son momentos que comparte con Stéphanie, en los que ambos dejan volar su imaginación, y los sueños se hacen realidad, aunque sea por breves momentos que sólo existen en sus mentes. En esos mágicos momentos, el director pone empeño en  la yuxtaposición de animación de objetos con planos imposibles.

 

Parecía que en cualquier momento el relato se iba a volver definitivamente loco, creando mundos imposibles de cartón y hojalata, en el que la tecnología ha sido sustituida por lo artesanal. Sin embargo, el abandono de las leyes de lo real nunca llega a suceder, y la historia queda en un mero juego.

 

            Todo lo que sueña está en sus recuerdos. Como bien dice, es como una cazuela a la que se la hechan ingredientes diferentes. Para que soñara algo, antes tenía que estar en su subconsciente y después todo se trasgiversa de tal manera que las cosas se vuelven subrealistas en los sueños.

           

            Por otra parte están los sueños en los que cuando se levanta no sabe si es real o no lo que ha sucedido porque han sido tal y como es la vida misma.

           

En conclusión, la realidad y los sueños están íntimamente ligados ya que para soñar algo antes ha tenido que estar en tu cabeza.

 

Como reflexión personal, creo que es curioso como buscamos una  "surrealidad alternativa" cuando en muchos momentos nuestra vida se convierte en una rutina que nos marca la realidad. Y esa surrealidad son los sueños.